1968

Drug Enforcement Administration (DEA).

Agencia Antidrogas de Estados Unidos

La agencia Antidrogas de Estados Unidos es conocida por sus siglas en inglés DEA (Drug Enforcement Administration). Su misión debía ser controlar el tráfico de drogas y combatir a las mafias que dominan este mercado que destruye la salud humana. Sin embargo, su cúpula y sus efectivos han estado vinculadas a operaciones paramilitares y acciones de guerra sucia que han causado graves perjuicios a las comunidades latinoamericanas y caribeñas. Terroristas de origen cubano como Orlando Bosch Ávila y Luis Clemente Faustino Posada Carriles asesinos en masa haitianos como Jean Taruny Guy Philippe son protegidos por EE.UU.; cerebros de la droga como Salvatore Mancuso son también protegidos.

En abril de 1988, la DEA y los servicios de seguridad de Honduras, raptaron ilegalmente al narcotraficante hondureño Ramón Matta Ballesteros en la ciudad hondureña de Tegucigalpa. Lo trasladaron hacia los Estados Unidos, donde fue interrogado bajo tortura antes de ser juzgado y condenado. Permanece en prisión. Su secuestro siguió al del mexicano Humberto Álvarez Machain, acusado de complicidad, como Matta Ballesteros, en el asesinato en 1985 de un agente de la DEA. Álvarez Machain basó su defensa en la ilegalidad de su rapto. Ganó. Ballesteros no.

Entre numerosos casos similares que implican a la DEA, el del uruguayo Francisco Toscanino se destaca por la horrenda tortura aplicada bajo supervisión de la DEA en Brasil. Mientras los tribunales condenaron el uso de tortura en el caso Toscanino, la tortura de Matta Ballesteros por la DEA fue pasada por alto. Este tipo de rutina es otro vínculo con la falsa guerra contra el terrorismo. Las actividades contra la droga y contra el terrorismo de Estados Unidos y de sus aliados viven en simbiosis. Si EE.UU. está dispuesto a secuestrar a individuos como Matta Ballesteros, Álvarez Machain y Francisco Toscanino, de la misma manera podría raptar fácilmente a jefes de carteles que controlan a los paramilitares colombianos. No lo hace porque esos individuos son aliados clave que suministran terror. En conjunto, los carteles colombianos de la droga y sus cohortes paramilitares hacen pasar una valiosa cantidad de divisas extranjeras por los centros bancarios offshore hacia los mercados de capital de EE.UU. y Europa. Otra razón para que la DEA mantenga su status quo en sus operaciones en América Latina pasa por la utilidad de sus vínculos con paramilitares que deben facilitar la tarea a EE.UU. y la corrupta oposición venezolana de movilizarlos contra el presidente democráticamente elegido de Venezuela, Hugo Chávez.

Otro escándalo: en agosto de 2001 el diario canadiense The Nation reveló los resultados de sus investigaciones al lograr acceso a los archivos secretos de la DEA. Según The Nation, el 12 de mayo de 2000 la policía antinarcóticos del aeropuerto internacional de Bogotá, hallo para su mayor sorpresa un cargamento de heroína pura perteneciente a la empresa Dyncorp. Irónicamente, la Dyncorp es una de las siete «empresas militares» norteamericanas contratadas por el Departamento de Estado de EE.UU. para su sacrosanta guerra antinarcóticos. Esta narcoempresa tiene un contrato firmado por 600 millones de dólares anuales para operar en Bolivia, Perú y Colombia, y cuenta con mercenarios expertos en combate (fuerzas delta) y pilotos veteranos que participaron en las guerras de agresión del Imperialismo contra los pueblos de Vietnam, Granada, Panamá.

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